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Cinco días, veinte anuncios: así se intenta estar al día con la IA

Por 5 min de lectura

Una semana de noticias de IA cabe en una mesa. Leerlas todas, no tanto.
Una semana de noticias de IA cabe en una mesa. Leerlas todas, no tanto.

En una sola semana han aparecido agentes con su propio teléfono y su propia cartera, dos modelos de primera fila más rápidos y baratos, un chip que vigila a la IA y una compra de 8.200 millones de dólares. Te lo cuento sin tecnicismos, y te cuento también por qué hasta las universidades van con la lengua fuera.

Lunes: Anthropic se adelanta

El 28 de septiembre, la víspera del gran evento de OpenAI, Anthropic lanzó Claude Sonnet 5.5. Es su modelo para el trabajo de todos los días, y llega solo seis días después de Opus 5.5, el más potente de la familia.

Según Anthropic, escribe más de un 30 % más rápido que la versión anterior y cuesta hasta un 30 % menos por tarea, porque necesita menos pasos para terminar el mismo trabajo. Y mantiene el mismo precio. Es el tipo de mejora que no sale en los titulares pero que se nota en la factura.

Un detalle curioso: es el primer Sonnet que ha conseguido terminar el videojuego Pokémon Rojo mirando solo capturas de pantalla. Parece una tontería, pero es una prueba seria. Obliga a la máquina a planificar durante horas sin perder el hilo, que es exactamente lo que se le pide a un agente que trabaja solo.

Ese mismo lunes pasaron otras tres cosas. Manus presentó Cue, una app donde cada agente personal tiene su propio correo, número de teléfono, cartera y ordenador. Puede contestar llamadas, enviar mensajes y pagar dentro de un presupuesto que tú fijas. NVIDIA presentó un sistema de seguridad con un vigilante en el propio hardware, capaz de aislar y parar a un agente si se sale de lo permitido. Y AMD anunció la compra de World Labs, la empresa de la investigadora Fei-Fei Li, por 8.200 millones de dólares en acciones. World Labs crea modelos que generan y simulan mundos en 3D a partir de texto, imágenes o vídeo.

Todo eso, en un lunes.

Martes: OpenAI suelta veinte anuncios de golpe

El 29 de septiembre, OpenAI celebró su DevDay en San Francisco con más de veinte novedades. Las que más te importan:

  • Los dots, agentes que siguen trabajando cuando cierras el portátil, con su propio ordenador en la nube y conectados a miles de aplicaciones.
  • GPT-6.1 Sol, un modelo que se acerca mucho al más potente de la casa en programación y trabajo profesional, a una quinta parte de su precio.
  • ChatGPT Space, un espacio compartido donde tu equipo, ChatGPT y tus agentes trabajan sobre los mismos documentos.
  • Un nuevo plan Pro de 500 dólares al mes, para quien quiera la máxima velocidad.

Para entender la escala: OpenAI habla de 1.200 millones de usuarios semanales. Cada cosa que lanzan llega a mucha gente a la vez.

El fondo de la semana: los agentes salen del chat

Si quitas los nombres comerciales, todos los anuncios dicen lo mismo. La IA deja de ser una ventana donde preguntas y te contestan, y pasa a ser alguien que trabaja por ti, en segundo plano, con acceso a tus herramientas.

Piénsalo como la diferencia entre llamar a un experto cuando tienes una duda y darle a alguien las llaves de la oficina. La segunda opción es mucho más útil. También es mucho más delicada.

Por eso no es casualidad que NVIDIA haya presentado su vigilante la misma semana. Pocos días antes, unos investigadores habían demostrado que un correo con una instrucción escondida bastaba para ejecutar código dentro del entorno de un usuario de Manus. Cuanto más puede hacer un agente, más importa quién lo controla. Y en el debate hay voces muy razonables que piden ir más despacio con la autonomía. La respuesta de la industria, por ahora, es seguir avanzando y poner vigilantes cada vez más sólidos.

Ni las universidades pueden seguir el ritmo

Mientras tanto, en las universidades, el debate ya no es si los estudiantes usan IA. La usan casi todos. En una encuesta británica, el 94 % de los universitarios dijo haberla usado en trabajos evaluados, y solo el 48 % sentía que sus profesores les ayudaban a usarla bien.

La respuesta que empieza a imponerse es separar dos carriles: trabajos donde se usa la IA a fondo, y exámenes presenciales u orales que comprueban lo que sabes hacer sin ella. Harvard lo propone como idea. La facultad de Derecho de Chicago ya lo aplica.

Y hay una anécdota que lo resume todo. Una academia de clases particulares de Sídney cerró sus cinco centros a finales de septiembre y les dijo a los padres que se ahorraran el dinero y usaran ChatGPT o Gemini. No es habitual que un negocio recomiende a su sustituto al despedirse.

Estar al día ya es un trabajo

Mientras lees esto, es muy probable que alguien esté lanzando algo nuevo. Solo el lunes hubo cuatro anuncios importantes, y al día siguiente llegaron veinte más.

Para una empresa pequeña, intentar seguirlo todo es imposible, y tampoco hace falta. La mayoría de novedades no cambian nada de tu día a día. Unas pocas cambian mucho. El trabajo de verdad es distinguir unas de otras: qué herramienta ya es fiable, cuál sigue verde, cuál abarata algo que hoy te cuesta dinero y cuál abre una puerta que conviene mantener cerrada.

En Raphsomar AI lo hacemos cada semana porque construimos sistemas con estas herramientas. Probamos los modelos nuevos sobre trabajos reales, comparamos precios y velocidad, y descartamos lo que todavía no está listo. Así tú no tienes que leer veinte anuncios para saber cuál te sirve.

Si quieres saber qué de todo esto tiene sentido para tu negocio, empieza por un solo problema. Hablemos en ai.raphsomar.com.

Fuentes: Anthropic vía The New Stack, SiliconANGLE, OpenAI, InfoQ, The Next Web, Implicator, Security Systems News, GamesBeat, AI Weekly.

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