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Antes se llamaba software. Ahora le llaman IA

Por 8 min de lectura

La misma máquina de siempre, con una etiqueta nueva.
La misma máquina de siempre, con una etiqueta nueva.

Hoy lleva IA el cepillo de dientes, la nevera, el microondas y hasta el cortapelos. La palabra está tan gastada que ya no dice nada. Te explico los seis niveles de lo que hoy se llama inteligencia artificial, cuáles lo son de verdad y en qué peldaño de esa escalera está España.

Una palabra que lo vende todo

Si pasaste por el CES de Las Vegas este enero, o leíste las crónicas, ya lo sabes: la IA estaba hasta en la sopa. Samsung presentó neveras, lavadoras, aires acondicionados y robots aspiradores bajo la marca Bespoke AI. Hubo microondas con IA, cortapelos con IA y marcos de fotos con IA. Unos meses después, Dyson lanzó un cepillo de dientes de 499 dólares que también la lleva.

En las tiendas pasa lo mismo. Lo que hace cinco años era "inteligente", "smart" o simplemente "digital", hoy es "con IA". Y no es casualidad. La IA es ahora mismo la palabra que mejor vende y la que más fácil atrae inversión, y eso lo saben igual los fabricantes de electrodomésticos que las startups.

El problema es que, cuando todo lleva IA, la palabra deja de servir para distinguir nada. Mete en el mismo saco a un temporizador de cocina y a un sistema que escribe código, habla por teléfono y trabaja solo durante horas. Es como llamar "vehículo" por igual a un patinete y a un avión. Técnicamente no es falso. Pero no te ayuda a decidir cuál comprar.

Esto ya pasó antes

La expresión "inteligencia artificial" nació en 1956, en un encuentro de investigadores en Dartmouth, Estados Unidos. Desde entonces ha vivido varias olas de entusiasmo, cada una seguida de un frenazo cuando las promesas no se cumplían. En los 80 la moda fueron los "sistemas expertos", programas llenos de reglas escritas por especialistas. Se vendieron como el futuro. Tras aquella ola llegó lo que el sector todavía llama el "invierno de la IA".

Y en las cocinas japonesas pasó algo muy parecido a lo de ahora. En 1983, Zojirushi presentó una de las primeras arroceras con lógica difusa: un sensor y un microordenador que ajustaban tiempo y temperatura según el tipo de arroz. A principios de los 90 hubo un auténtico boom de electrodomésticos "fuzzy", con Panasonic entre sus protagonistas. Zojirushi todavía vende arroceras "Neuro Fuzzy" que, según su web, "piensan" por sí mismas.

Funcionaban de maravilla. Pero eran software. La palabra de moda cambia cada pocos años. La máquina, muchas veces, es la misma.

Los seis niveles de lo que hoy se llama IA

Para entender de qué se habla, conviene ordenar. Esta escalera no es una clasificación oficial, es una forma sencilla de explicarlo.

Nivel 0. Software de reglas

Una persona escribe las instrucciones: si pasa esto, haz aquello. El termostato que apaga la calefacción a 21 grados, el temporizador del horno, el programa de lavado, la luz del ascensor. Es como una receta: el aparato la sigue al pie de la letra y no aprende nada.

¿Es IA? No. Es software de toda la vida, por muchas pegatinas que lleve.

Nivel 1. Reglas más sofisticadas

Aquí entran los sistemas expertos de los 80 y la lógica difusa de las arroceras. Las reglas son más finas, con matices en vez de un simple sí o no, pero siguen escritas por ingenieros. Es como un manual de instrucciones muy detallado.

¿Es IA? En los 80 se estudiaba como tal en las universidades. Hoy casi nadie lo llamaría así.

Nivel 2. Aprendizaje automático para una sola tarea

Aquí sí hay un salto. Nadie escribe las reglas: el sistema las aprende a partir de miles de ejemplos. El filtro de spam de tu correo, el detector de fraude de tu banco, el robot aspirador de Samsung que distingue personas, mascotas, cables y alfombras, o el cepillo de Dyson, entrenado con unas 470.000 imágenes dentales. Es como un perro de rastreo: extraordinario en una cosa y nada más.

¿Es IA? Sí, en sentido técnico. Pero estrecha. Sabe hacer una tarea y no puede salirse de ella.

Nivel 3. Modelos fundacionales

Es lo que cambió todo en los últimos años. Modelos entrenados con cantidades enormes de texto, imágenes, audio y código, que entienden y generan lenguaje y pueden hacer miles de tareas distintas sin que nadie los programe para cada una. Claude, GPT, Gemini, Llama o Grok. Es como alguien que ha leído casi todo lo que se ha escrito y puede ponerse a trabajar en casi cualquier cosa.

¿Es IA? Sí. Esta es la IA de la que hablan las noticias. Y la fabrica un número muy pequeño de organizaciones: según el AI Index de Stanford, más del 90 % de los modelos notables de 2025 salieron de la industria, y los de primera línea están cada vez más concentrados en unas pocas empresas.

Nivel 4. Agentes

Son los modelos del nivel 3 con manos: acceso a herramientas, a tu correo, a tu calendario, a un navegador, a un teléfono. Ya no responden, actúan. Trabajan solos durante horas, en segundo plano, y deciden los pasos. Es la diferencia entre un experto al que llamas cuando tienes una duda y un empleado con llaves de la oficina. Es donde están ahora mismo los grandes lanzamientos.

¿Es IA? Sí, y es la que más va a cambiar el trabajo de las empresas en los próximos años.

Nivel 5. Inteligencia general y superinteligencia

Sistemas capaces de igualar y luego superar a las mejores personas en casi cualquier tarea intelectual. No existen todavía. Varios de los grandes laboratorios hablan abiertamente de construirlos, y en este blog creemos que el camino va en esa dirección. El debate es serio: hay quien la ve a pocos años vista y quien piensa que tardará décadas o que el concepto está mal planteado.

¿Es IA? Es hacia donde va todo lo anterior.

Con esta escalera delante, el truco del marketing se ve claro: vender un producto de nivel 0, 1 o 2 con la misma palabra que usamos para los niveles 3, 4 y 5. La nevera de Samsung, por cierto, mezcla niveles: integra Gemini, de Google, un modelo de nivel 3. Hay IA de verdad dentro, pero la parte inteligente la pone Google.

El truco tiene nombre: "AI washing"

Igual que existe el greenwashing (pintar de verde lo que no es ecológico), existe el "AI washing": exagerar o inventar la inteligencia artificial de un producto para que parezca más avanzado.

Y ya hay multas. En 2024, la SEC, el regulador de la bolsa de Estados Unidos, sancionó a dos empresas de asesoría financiera por mentir sobre su uso de IA (400.000 dólares entre las dos). Ese mismo año la FTC, la agencia que protege a los consumidores, lanzó una operación contra estas prácticas, y en 2025 abrió más de una docena de casos. Un detalle curioso: nadie ha sido acusado de "AI washing" como tal. Se aplican las leyes de publicidad engañosa de siempre.

Dónde está España en la escalera

Llevo desde 2019 yendo a conferencias sobre inteligencia artificial, y he oído llamar IA a aspiradoras, cepillos de dientes, neveras y casi cualquier cosa que lleve un chip. Mi lectura, después de todos estos años de ponencias, es dura: la mayor parte de lo que se presenta en España como IA son proyectos de los niveles 0 a 2, o integraciones de modelos que fabrican otros, con mucho nombre y poco alcance.

Los datos ayudan a entender por qué.

En uso, España va bien. Según Microsoft, el 45,1 % de la población en edad de trabajar usa IA generativa, y eso la sitúa sexta del mundo. En empresas de diez o más empleados, Eurostat da un 20,3 % en 2025, justo en la media europea. De ahí salen los titulares de "España a la cabeza".

En fabricación, no aparece. En 2025, Estados Unidos lanzó entre 50 y 60 modelos notables según quién los cuente, y China, entre 30 y 35. Europa entera produjo dos: uno francés y uno británico. España tiene ALIA, un modelo público entrenado en el supercomputador MareNostrum 5 y pensado para el español y las lenguas cooficiales. Tiene valor para lo que se diseñó, pero no compite en la primera línea.

La escala es otra. El Gobierno ha comprometido 719 millones de euros para optar a una gigafactoría europea de IA, que estaría en marcha a finales de 2028 si se cumplen los plazos. Una sola de esas instalaciones cuesta entre 3.000 y 5.000 millones. En 2025, la inversión privada en IA de Estados Unidos fue de 285.900 millones de dólares: más o menos lo que ponemos aquí para la gigafactoría, invertido allí en un solo día. En Galicia, el Programa de IA 2026-2028 suma 54 millones, y sus ayudas IA360 (10 millones) financian dos cosas: desarrollar productos con IA o comprar soluciones comerciales. No son lo mismo que una inversión privada, pero dan idea de la distancia.

Hay trabajo serio, como ALIA o los centros de supercomputación de Barcelona y Galicia, que acogen dos de las fábricas de IA aprobadas por Europa. Y usar bien modelos ajenos tiene muchísimo valor: para casi todas las empresas pequeñas es exactamente lo que toca. Lo que no ayuda es confundir usar con fabricar, ni pensar que un programa con una pegatina nos pone a la cabeza de algo. La primera línea, hoy, se construye en Estados Unidos y en China.

Cómo no dejarse engañar

La próxima vez que alguien te venda "IA", sea un electrodoméstico, un software para tu empresa o una ponencia, hazle tres preguntas.

  • ¿En qué nivel está? Si son reglas escritas por una persona, es software. No pasa nada, puede ser muy útil, pero llámalo por su nombre.
  • ¿Qué modelo lleva dentro y quién lo fabrica? Si no saben contestar, mala señal.
  • ¿Qué problema concreto resuelve que antes no se resolvía? Si la respuesta es "te hace la vida más fácil", sigue preguntando.

En Raphsomar AI trabajamos en los niveles 3 y 4: construimos sistemas a medida con los modelos de primera línea (ventas, agentes de voz, automatización, producción audiovisual) y los conectamos a los datos y procesos reales de cada empresa. Sin pegatinas. Empezamos siempre por un solo problema, el que más te cuesta. Si quieres saber cuál sería el tuyo, hablemos en ai.raphsomar.com.

Fuentes: Xataka, Samsung, El Financiero, IEEE Spectrum, Zojirushi, Panasonic, Stanford AI Index, The Next Web, Second Talent, Xataka sobre la SEC, CASRAI, La Ecuación Digital, Forbes, BSC, SETT, elEconomista, GaliciaXa.

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